EL SUBMARINO PORTAMINAS
"ANTONIO SANJURJO"

Archivo Personal de D. Daniel Prieto


CARACTERISTICAS

BOTADURA: AGOSTO DE 1898
ASTILLEROS: ASTILLERO Y FUNDICION A. SANJURJO
DESPLAZAMIENTO: 4,25TM
DIMENSIONES: ESLORA: 5,20 METROS.
MANGA: 3,75 METROS.
DIAMETRO CILINDRO VERTICAL: 1,12 METROS
VELOCIDAD: 2 NUDOS
COTA MAXIMA: 20 METROS
ARMAMENTO: 2 MINAS DE CONTACTO (DE 100 L. DE EXPLOSIVO), ENGANCHADAS EN DOS PERCHAS DE 13 METROS
DOTACION: 2 HOMBRES
PRECIO: 16.000 PTAS.DE LA EPOCA (13.000.000 PTAS. ACTUALES)


HISTORIA DEL SUBMARINO SANJURJO

     Verano de 1898, próximos a cerrar un siglo de la historia de España que había empezado con la derrota de Trafalgar, se consuma la hecatombe naval de Cavite y Santiago de Cuba.

     La población civil desconfía de un gobierno que sólo hace unos meses hablaba de barrer al enemigo y ahora se siente desprotegida de su Armada.

     En junio, cuando la Escuadra del Almirante Cámara parte hacia Oriente para vengar la afrenta de Cavite, se advierte el apurado juicio y el peso político de la decisión más que el valor estratégico y el conocimiento de la realidad y del enemigo, que tan difíciles circunstancias requerían.

     El temor y el riesgo de una expedición de castigo por parte de la flota yankee sobre nuestras costas es cada vez más preocupante. El Gobierno trata de tranquilizar a la opinión pública, mientras regimientos de zapadores se desplazan hacia la costa para acelerar los trabajos de defensa y fortificación apenas existentes.

     El día 2 de julio, desde Washington, llega un aviso telegráfico, informando que la Flota del almirante Dawson se ha hecho a la mar sin rumbo conocido, es suficiente para alertar a la población de Cádiz que, temerosa de ver aparecer a los buques de guerra enemigos en el horizonte, abandona la ciudad, al igual que sus paisanos de ciertas villas como Tarifa, donde el susto es mayor, al oír los disparos de una batería de costa en un ejercicio de tiro.

     La prensa analiza la situación y a diario se llenan sus páginas de informaciones militares de todo tipo, se cotejan opiniones, se estudian estrategias, se habla del estado de las defensas. Los ánimos van del pesimismo al optimismo, cualquier noticia puede influir. Un general alemán ha dicho que los americanos no atacarán las rías gallegas, porque sería meterse en una ratonera.

     Alguien se pregunta: ¿dónde está la flota que tapará esta ratonera? Vigo y La Coruña se saben vulnerables, se teme por las mujeres y los niños y se habla de un plan de evacuación.

     Mientras unos piensan en los males venideros, otros, sin perder la calma, agudizan el ingenio del que se ve atrapado y ponen al servicio de la comunidad sus ideas. Son numerosos los inventores de artefactos bélicos que aparecen por estos días.

     Galicia también aporta un inventor a esta concurrencia de ingenios nacionales. Será Vigo la ciudad que vea construir y navegar la "Boya Lanzatorpedos" de don Antonio Sanjurjo Badía. Este hombre, viendo a su patria en peligro, se lanza a la aventura solitaria de construir en sus propios talleres un artefacto submarino con el fin de defender la ría de los inoportunos visitantes que se esperan.

     Hace tiempo que por la ciudad se rumoreaba la construcción de un submarino, pero ahora, a primeros de agosto, a los dos meses de empezados los trabajos, es transportado a la dársena del puerto para efectuar las pruebas definitivas. Allí está don Antonio Sanjurjo, con dos operarios de su fábrica, dispuesto, con su pajarita y boina, a convertirse en submarinista.

     Las pruebas parciales resultan satisfactorias y se fija para el 12 de agosto las pruebas oficiales y la presentación a las autoridades. Asisten el gobernador militar de la plaza, General La Portilla y el Comandante de Marina, señor Godínez, aparte de numeroso público. Las pruebas resultan un éxito: se permanece en inmersión durante una hora y treinta minutos seguidos y después otra de cuarenta y cinco minutos, bajándose hasta una cota de 20 metros, aunque la profundidad de navegación son siete metros.Efectúa también una prueba de velocidad, dando cerca de dos nudos de marcha.

     Terminadas las pruebas, se acerca al muelle, donde presiden el acto las autoridades satisfechas y es en ese momento cuando el capitán inventor, desde la torreta-escotilla iza la bandera española, en la que está inscrito: ¡POR ESPAÑA! Este hombre, que ama los símbolos y a todo acto le busca una correspondencia significativa, ha convertido con su gesto al submarino en un arma para defender el sagrado suelo.

     Vigo vive una jornada patriótica y se siente tranquilo porque Dawson no caerá sobre la ciudad como ya lo hiciera Nelson, Drake y otros.

     Pero no sólo es Vigo la ciudad que puede dormir tranquila, el resto de España también porque ese mismo día 12 de agosto de 1898, mientras don Antonio Sanjurjo prueba su submarino, en París se firma la Paz que tras la derrota marca el fin de todo un ciclo histórico.

     La noticia es conocida en Vigo al día siguiente. Las pruebas de artefacto como arma quedan suspendidas, al cesar las causas que motivaron su construcción: la invasión de la Flota americana. El artilugio submarino vuelve a la fábrica "La Industriosa", donde hoy en día se conserva para la admiración de propios y pocos extraños que conocen tal historia y la existencia del submarino.

     Conservado por sus hijos y nietos, es uno de los motivos de orgullo de la familia Sanjurjo, sirviendo como homenaje vivo a un hombre que con su esfuerzo y laboriosidad contribuyó a la naciente industria de Vigo, un hombre que supo unir ingenio, patriotismo, valor y pericia.

Mi buen amigo Daniel Prieto


EL SUBMARINO

     Para situar este artilugio hay que remontarse a 1776, con la "Tortuga", de Bushnell, usada en la guerra de independencia americana, el cual, ni más ni menos, venía a ser un barril achatado, de madera, que movido a pedales podía maniobrar dificultosamente para acercarse a la presa, barrenar su casco y colgarle una mina.

     Visto someramente el desarrollo que en este momento alcanza la técnica del submarino, cualquiera se hace la pregunta sobre le eficacia de los esfuerzos de don Antonio Sanjurjo.

     Pues bien, es indudable que él confiaba plenamente en su invento; de otra manera, no hubiesen bastado las 16.000 pesetas que le costó (aproximadamente, 13.000.000 millones de pesetas actuales), ni se hubiera atrevido a embarcarse y alcanzar los 20 metros sin amarras de ningún tipo. Por otra parte, él sólo pretendía proteger las aguas de la ría, como hoy lo hacen los buceadores de combate; llegar a nado hasta el enemigo con suma discreción para dar un golpe mortal y único. Además, el conocimiento por parte del enemigo de la existencia de un artefacto desconocido jugaría un papel disuasorio ante la posibilidad de un desagradable encuentro; en la guerra, ya se sabe que no se puede despreciar al pequeño David.

     La premura de la situación ante la inminencia del anunciado ataque yankee hace aconsejable la rapidez del alistamiento de un arma defensiva y esto llevó consigo la construcción de un artefacto sencillo. Aprovecha los medios del astillero y fundición de su propiedad, ya que no espera ninguna ayuda oficial, no puede el inventor meterse en sofisticados sistemas que pondrán en peligro de fracasar el proyecto. Aproximadamente, tardó dos meses en construirlo, tiempo que parece corto dados los medios de la época.

     Es probable que utilizara elementos de su fábrica de calderas para construir los cilindros, al menos el tiempo de construcción así lo hace suponer (es una lastima que los planos y documentos se hayan perdido durante un incendio en los talleres).

     Otra hipótesis es que ya tiene hechos los planos cuando aborda la construcción, con la idea de construir una boya submarina para estudiar el fondo del mar. Se dice esto porque precisamente en estas fechas muere un tal Ernest Bazín, marino mercante francés, aventurero y conocido en Vigo como "Tío Bazín", popular por sus inventos.

     Uno de ellos fue una boya para desencallar buques hundidos, con la que pretendía sacar a flote los famosos "Galeones de Rande"; otros de sus inventos fueron un observatorio submarino y un monitor sumergible provisto de un cañón. Murió desarrollando su más ambicioso proyecto: el buque rodador, que deslizándose con unos rodillos sobre el mar daría unos 60 kilómetros por hora de velocidad. Don Antonio Sanjurjo y el "Tío Bazín", llevados por su afición a los inventos y a la técnica, es fácil que en aquel Vigo de entonces intercambiarán ideas y experiencias que luego darían su resultado en la "Boya Lanzatorpedos".

     Para las minas (que también las construyó el mismo) inventó un percutor de contacto, cuyo mecanismo funciona en la actualidad. Afortunadamente para el inventor, la paz llegó a tiempo para ser innecesario efectuar las pruebas de las minas. La explosión de una de ellas sobre un blanco hubiera ocasionado un serio disgusto a la boya.

     Quizá ignorando don Antonio los principios de la propagación de la onda expansiva en el agua, o bien subestimando la capacidad de la explosión, confió que con los siete metros de profundidad de la boya y los 13 de longitud de la percha, donde cuelga la mina, serian suficientes para no sufrir daños en la propia nave. Esperaba que la explosión "subiese hacia arriba" como lo hace una burbuja en el agua y que la boya, por su forma y tamaño, aguantase el efecto de la carga explosiva.

     En definitiva aquella paz varó en el patio de una fundición un viejo submarino de un genial submarinista de sesenta y un años, cayendo en el olvido su obra durante muchos años.